El PSOE como cualquier colectivo tiene tendencia al corporativismo, a protegerse entre ellos y sobre todo cuando son mandos con cierta responsabilidad y se ven envueltos en cualquier tema o asunto que pueda afectar a la estricta normalidad. Los testigos de cualquier anomalía: temas personales, machismo o corrupción, parece que tienen temor a denunciar a un compañero o compañera del partido.
Todo partido político tiene su canal de denuncias para erradicar cualquier sospecha de nepotismo, clientelismo, prácticas corruptas, financiación irregular, derroche de fondos públicos o por acoso sexual. El canal de denuncias del PSOE cumple con los requisitos de confidencialidad y protección de los denunciantes, sin embargo, no permite la denuncia anónima. Pero, de nada sirve la denuncia si después no hay un seguimiento, una investigación y una depuración de responsabilidades.
Porque cuando hay indicios de corrupción y de acoso sexual en un entorno, hay muchas personas que son conocedoras de ello, pero callan. Nadie se cree que aparezca una denuncia y nadie se haya enterado de nada. En plena oleada de denuncias, el PSOE sufre su «Me Too» particular y además los casos de corrupción. El corporativismo es lo que impide que se denuncie, pero no denunciar y ocultar es expandir la mancha de aceite a todo el partido. La izquierda no puede aceptar la corrupción y el acoso sexual con silencio, falta de empatía y encubriendo a los corruptos y acosadores.
Que tenga el PSOE en su estructura personajes machistas y corruptos puede ser normal, porque un partido político es reflejo de la realidad social. Pero, lo que no es lógico es que ni en las bases, ni en los cargos, nadie se dé cuenta de nada y nadie denuncie. De nada sirve un reglamento ,un Comité de Ética y Garantías, unas responsables de Igualdad, un Órgano sobre el acoso, si no hay empatía de cada militante para denunciar.
Y, mucho más grave aún, es que el PSOE se limite a expedientes informativos y retirar la militancia, cuando se debería denunciar en el juzgado a los acosadores y corruptos. Estamos viviendo un efecto dominó que se ha destapado con los audios de Ábalos y Koldo, pero está claro que en el PSOE hay más machistas, más puteros y más corruptos que aún no han salido sus nombres a la palestra, que muchos los conocen y nadie los denuncia.
La corrupción y el machismo son estructurales, están en toda la sociedad y por supuesto en todos los partidos políticos. Pero, esto no puede aceptarlo una persona progresista. No basta con pedir perdón a las víctimas, hay que buscar sistemas para que estas personas dejen la militancia, todos sus cargos y sean juzgados por sus supuestos delitos. La tolerancia daña a las víctimas, pero también ensucia unos principios éticos de igualdad y de transparencia. La coherencia de la izquierda se basa en unos principios, no se puede defender el feminismo y la justicia social, teniendo machistas y corruptos.
