Desde Dubai, este martes Pedro Sánchez, durante su participación en el World Governments Summit, ha anunciado prohibir redes sociales a menores de 16 años en España. Adoptando medidas legislativas para hacer frente a los «abusos de las grandes plataformas digitales».
Ya en junio de 2024, el Consejo de Ministros se aprobó el anteproyecto de Ley Orgánica de Protección de los Menores en los Entornos Digitales en el que se contemplaba elevar de 14 a 16 años la edad mínima, pero sigue paralizada en el Congreso. Comenzó Australia, siguió Francia (pendiente de aprobar por el Senado francés) y ahora España que pretende prohibir el acceso a redes sociales a los menores de 16 años.
Cuando una sociedad se plantea prohibir algo, se debería plantear primero que el uso de las redes sociales por parte de menores es una responsabilidad de los padres y tutores, porque estamos hablando de menores. Son ellos los que deberían de poner los límites a sus hijos e hijas.
Pero, dejando lo que es un aspecto personal y privado de cada familia, siempre es necesario poner normas, en las que estamos de acuerdo una mayoría. Por ejemplo: la prohibición de vender bebidas alcohólicas a menores de 18 años, prohibido fumar en los establecimientos públicos, prohibido circular a más de 120 kilómetros por hora en autopistas y autovías, la obligación del uso del cinturón de seguridad en los automóviles o la escolaridad obligatoria en España desde los 6 hasta los 16 años.
Sin embargo, el liberalismo de derechas se aferra a la libertad, al «prohibido prohibir» del Mayo del 68. Están convencidos de que no hace falta regularizaciones que consideran imposiciones ideológicas. La extrema derecha habla de «respetar el derecho de los padres». Es innegable que los padres educan, transmiten valores y ponen límites, pero las familias no viven aisladas, viven en sociedad, es necesaria una responsabilidad compartida. Y, eso comporta tener unas normas de convivencia, de obligado cumplimiento para todos.
La ciudadanía puede ser libre, viviendo en un marco de leyes claras y justas. Un joven de 16 años en España es plenamente responsable judicialmente en España por los actos delictivos que pueda cometer. Pero, no puede: trabajar, ni votar, ni comprar alcohol y tabaco, ni acceder a juegos de azar o lotería.
Sin embargo puede acceder a las redes sociales, estar expuestos a la adicción, al ciberacoso, a compartir información personal sin comprender plenamente sus implicaciones, además de estar expuestos el acercamiento entre desconocidos y los riesgos que pueda suponer.
Poner límites de edad, buscar sistemas de control e identificación por parte de las operadoras de las redes sociales, no es restringir la libertad de expresión. Es defender los derechos de los adolescentes. Ningún padre o madre permitiría que su hijo o hija adolescente, saliera a la calle con un letrero que pusiera sus datos personales, el nombre de sus familiares y conocidos, sus aficiones e incluso sus debilidades. Pero, las redes sociales han normalizado, lo que no es normal en la vida cotidiana.
Necesitamos más seguridad para aprovechar las ventajas de las redes sociales, no basta con las precauciones personales, porque todos estamos expuestos a exponer información y eso debe estar más protegido. No basta con tener cuidado de la información que se expone y a quien se expone. Hemos de tener más seguridad y dejar de estar manipulados en nuestro comportamiento, en nuestras vulnerabilidades y con los algoritmos que están ideados para maximizar el tiempo que se pasa en estas plataformas.
Comentario aparte es la defensa económica de las grandes plataformas, en defender que los menores de 16 años, puedan acceder sin vetos a las redes sociales. Ellos son los consumidores actuales de tendencias, de moda, de música, de vídeo… Es decir, de negocio gracias a los adolescentes. Sin olvidar que serán los adultos del futuro y parte fundamental del negocio, no tan solo de las redes sociales, sino del neocapitalismo.
Elon Musk ha interferido en la política europea, apoyando a la extrema derecha alemana, escribiendo un artículo en el que señalaba que el AfD es la «última luz de esperanza» para el país. Dijo de Olaf Scholz, anterior canciller federal de Alemania, que era «un tonto incompetente» pidiéndole la dimisión. Tirano antidemocrático» al presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier. Emmanuel Macron, acusó a Musk de»apoyar una nueva internacional reaccionaria» y de interferir en las elecciones de otros países. Musk animó a manifestantes ultras a «luchar» para disolver el Parlamento inglés.
El que fue aliado financiero fundamental para el triunfo de Donald Trump en las elecciones de EE.UU de 2024. Asesor de Trump, dirigió el Departamento de Eficiencia Gubernamental, conocido como DOGE, con la misión de hacer recortes, como una forma de eliminar lo que consideraba fraude y abuso en el gasto federal.
Elon Musk se mantiene como el empresario más rico del mundo, con una fortuna estimada en 670.000 millones de dólares y cree que puede insultar al presidente del Gobierno de España, por su intención de prohibir redes sociales a los menores de 16 años en España.
A Musk no le preocupa la libertad de expresión, le preocupan sus intereses económicos y por eso ha insultado al presidente del Gobierno Pedro Sánchez. Parece que ha puesto su objetivo en interferir en la política española, hace unos días atacando a Irene Montero por el tema de la regularización extraordinaria de migrantes, ahora le toca a Pedro Sánchez. Interfiere en la política, en los asuntos de un país que no es el suyo. Mañana puede colaborar económicamente en la próxima campaña electoral. ¡ Todo es posible !