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Los dictadores y su desprecio por la democracia.

Todos los dictadores son líderes autoritarios, que buscan su dominio absoluto del poder, su capacidad para manipular a las masas y el desprecio por la democracia. Suelen exhibir rasgos de personalidad que se alinean con trastornos psicológicos, prometen soluciones rápidas y radicales a los problemas económicos y sociales,  aprovechándose de las frustraciones y el descontento de la población. Todos los dictadores no llegan al poder por la fuerza y algunos utilizan la democracia para llegar al poder y destruir la democracia.

Donald Trump en el Foro de Davos hablando sobre los dictadores ha dicho: «Es un dictador horrible. Yo soy un dictador. Pero a veces se necesita un dictador«. Ya avanzó en su campaña electoral previa a su reelección, ser un dictador “desde el primer día”, pero parece que esta deriva autoritaria sigue en este año de mandato y que puede poner en riesgo la democracia estadounidense, con sus casi 250 años de historia.

El desprecio por la democracia, lo demostró difundiendo la mentira de que había habido fraude en las elecciones de 2020 en el que fue elegido presidente Joe Biden y que había sido sido el ganador de las elecciones. El 6 de enero de 2021, Donald Trump instó a sus seguidores a marchar hacia el Capitolio, donde cientos de personas irrumpieron en la sede del poder legislativo de Estados Unidos, lo que se consideró como un asalto a la democracia.

Sin embargo a Donald Trump le votaron unánimemente el pueblo norteamericano. En Alemania los partidos de derecha se aliaron con los nazis para formar un gobierno, y Hitler fue elegido canciller en 1933. Luego ocurrió el incendio del Reichstag, la purga a los partidos de izquierda del Reichstag y el reemplazo con nazis. Hitler se convirtió en el Führer, después de la muerte del presidente de la república Hindenburg, Hitler acabó teniendo poderes dictatoriales. Y, todo lo demás ya lo conocemos.

Trump como otros dictadores. Está marcando sus directrices específicas en aranceles, migración, política interna y exterior. Pacta un alto el fuego en Gaza para presentar el proyecto de un gran resort. Se autoerige como el presidente de la denominada Junta de Paz, un organismo concebido para supervisar el alto el fuego en la Franja de Gaza y su reconstrucción, intentando ser como una ONU paralela.

Ataca a Venezuela, secuestra a Nicolás Maduro y a su esposa, saltándose todos los principios de la legalidad y haciéndose cargo del gobierno venezolano. Amenaza a Colombia, a México, a Irán… Quiere anexionarse Groenlandia. Sin acabar con la guerra de Ucrania, que dijo acabaría en 24 horas. Considerando las regulaciones climáticas radicales, saliendo de instituciones internacionales…

Donald Trump desde el primer día de mandato tomó medidas para cumplir su promesa de disminuir la migración. Ha aumentado las deportaciones masivas, ha paralizado las solicitudes de asilo y ha otorgado todo el poder al Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) olvidando derechos constitucionales para identificar y detener a inmigrantes.

Entre los casos más recientes sacó a la Guardia Nacional en Chicago, Los Ángeles y Portland para proteger a los agentes de ICE. La muerte de Renée Nicole Good, ciudadana estadounidense de 37 años o la detención de cuatro niños, uno de 5 años. Todo esto nos recuerda la Gestapo de Hitler o los grupos paramilitares de Mussolini en Italia que vestían camisas negras. Los que quieren ser rey, se reconocen dictadores y ejercen como ellos son un peligro para su país y para el mundo.

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