La captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos en una operación militar ejecutada en Caracas, el 3 de enero, supuso el uso de la fuerza por parte de Estados Unidos totalmente en contra de la legalidad y del derecho internacional. Para Estados Unidos fue una orden de detención contra un narcotraficante y el siguiente paso fue convertir a Venezuela en una soberanía tutelada. Afirmando Trump que «yo estoy al mando de Venezuela» sosteniendo que dirigirá el país hasta que pueda decidir a quién se lo devuelve.
El derecho internacional prohíbe, salvo en circunstancias excepcionales, como la legítima defensa o la autorización expresa del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el poder atacar a otro país.
Se abrió el debate entre los defensores de la soberanía de Venezuela y el ataque ilegal de Estados Unidos a un régimen que estaba vulnerando de forma sistemática los derechos de su propia población. El dilema era criticar la violación del orden internacional o persistir en la violación sistemática de los derechos humanos en Venezuela. Pero, todo esto de manera unilateral de Estados Unidos y sin el amparo de las Naciones Unidas.
Para algunos el concepto de soberanía, está relacionado con el concepto de Estado de Derecho, un sistema basado en el reconocimiento de derechos que garanticen la libertad individual y colectiva. Para otros, es simplemente respetar el mandato de las Naciones Unidas. Cuando Estados Unidos se erigió en juez y parte, actuando con parcialidad y con interés económico. Donde en esta soberanía tutelada, no preocupa el sistema político, sino solo el petróleo.
El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) resultó vencedor en las elecciones constitucionales de 2017, las legislativas de 2020 y las presidenciales de 2018 y 2024, donde el triunfo de Nicolás Maduro estuvo rodeado de denuncias por falta de garantías, ausencia de competencia real y control institucional. Un país que estaba plagado de denuncias de represión, persecución de la disidencia y encarcelamientos, con una crisis económica muy importante.
A Estados Unidos se le olvidó que el futuro de Venezuela debe ser determinado únicamente por el pueblo venezolano y que los Estados soberanos están protegidos por el derecho internacional. Donde la justificación de Washington para su intervención basada en la falta de respeto a los derechos humanos y a un supuesto narcotráfico no es excusa para una intervención militar unilateral que contraviene la soberanía venezolana y la Carta de las Naciones Unidas.
La lista de falta de respeto a la soberanía nacional por parte de Estados Unidos se remonta a 1923 con la Doctrina Monroe, cuando dejó la soberanía de cualquier nación dentro de esa esfera a discreción de Washington. Lo que, dentro de un desorden internacional Estados Unidos aprovecha para realizar acciones que responden a sus intereses, como protectores con derecho a tutela.
Estados Unidos siempre ha jugado a las intervenciones extranjeras, un mesianismo geopolítico que les llevó a guerras como las de Corea, Vietnam, la guerra del Golfo y Afganistán. Donde curiosamente, siempre se ha querido derrocar un régimen para dar paso a más caos. Y, ahora más cercana la guerra de Irán. Donde Trump quería convertirla al igual que Venezuela, en una soberanía tutelada por ellos.
Si aceptamos este sistema de intervenciones unilaterales, se puede sentar precedentes peligrosos en el sistema internacional. Rusia impone razones similares en Ucrania; Israel lo hace con el pueblo palestino y China podría hacer lo propio con Taiwán. Todas las situaciones son equivalentes, todos los conflictos responden a la misma lógica, imponer la unilateralidad y la falta de legalidad a nivel mundial. Donde todos podemos acabar tutelados, sino lo estamos ya.
