La performatividad es una palabra que no está en el Diccionario de la lengua española, se refiere a la utilización de elementos teatrales en la relación entre individuos, generalmente con la intención de producir un efecto significativo. Se utiliza también en la política, donde la performance está presente en casi todas las acciones políticas, desde los discursos de candidatos o el ejercicio de un cargo de gobierno hasta los movimientos sociales. La extrema derecha española utiliza una performance envuelta en la bandera de España, muchas veces en la bandera franquista. Con una ideología fascista, que intenta aglutinar un descontento social y una vuelta a valores del pasado.
En este escenario surgen personajes que se convierten en mediáticos, en pseudo periodistas, en activistas, en emblemas de una parte de la juventud, que su único objetivo es la provocación y la difusión de una ideología fascista. Se dedican a hacer un espectáculo en tertulias, televisiones, titulares de prensa y ahora en las universidades. Performance como método de influencia a una nueva derecha. Personajes que emulan el fenómeno del difunto Charlie Kirk, que partiendo del descontento juvenil: creó a nivel de internet y en los campus universitarios foros de pensamiento conservador. Y parece que la ultraderecha española está emulando la emotividad y la narrativa outsider contra la democracia, convirtiendo la política en un espectáculo de crispación, donde las emociones ganan a las ideas. Donde el insulto se convierte en algo políticamente correcto. Son agitadores callejeros que amplifican sus mensajes en las redes sociales, sin aportar ninguna solución.
Personajes que juegan a encarnar su papel de héroes. Qu se aprovechan de la libertad de expresión para despreciar, erosionar las instituciones y la democracia. Estos agitadores utilizan una performance cotidiana, para conseguir sus propósitos. Son el ejemplo de una sociedad que no habla, que solo grita. Que amenaza, que busca la confrontación. Que en estas últimas semanas lo han buscado en las universidades españolas. Buscando en esos jóvenes con problemas laborales, de sueldo, de vivienda, de futuro, a los nuevos votantes de la extrema derecha española. La consecuencia del ascenso de la extrema derecha es demerito de unos partidos progresistas que han dejado en la orfandad a demasiados ciudadanos.
Unos individuos que buscan en la teatralidad de las emociones, con un lenguaje provocador, la apropiación de símbolos nacionales y la antipolítica, con una tensión performativa, donde se exagera y se dramatiza, para producir efectos políticos, emocionales o identitarios en la ciudadanía.
Estos personajes se presentan como la voz del pueblo, pero defendiendo los intereses de las élites económicas, nutriéndose de la promesa de orden y del ultranacionalismo. Encarnan en un gesto populista el descontento social, donde la performance de rebeldía se convierte en un instrumento de legitimación de su ideología. Polarizando a la sociedad, fundamentado en una concepción maniquea de la política, y en una reacción exagerada de la realidad, para usarlo con propósitos políticos para generar una sensación de miedo ante una aparente inseguridad.
Todo ello con las redes sociales, que son el principal instrumento de divulgación de la extrema derecha, donde la oposición se convierte en enemigos, en contra de los diferentes, de las mujeres, de los inmigrantes… Su objetivo principal es dividir y excluir. Sus ideas se mezclan con rumores y noticias falsas, convirtiendo a los que no comparten su ideología en traidores y antipatriotas. Donde parece que el culpable de todos los males es el presidente Pedro Sánchez y su Gobierno de coalición. Un escenario donde los sondeos reflejan, que la ciudadanía está dispuesta a dar más apoyos a esta extrema derecha española.
Una performance basada en discursos, símbolos, gestos y acciones públicas para construir una identidad política, movilizando emociones y ganando visibilidad en el espacio político, que le está sirviendo a la extrema derecha para seguir creciendo. El relato lo está ganando la derecha, basado en la sobreexposición emocional, donde parece que las ideas han perdido su protagonismo. La performance en las universidades ha sido un fracaso para la extrema derecha, pero aún así, había demasiados estudiantes dispuestos a escuchar un discurso de mentiras y de odio…
