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El miedo como excusa cuando no hay argumentos.

No se puede ganar unas elecciones en Extremadura, ahora en Aragón o en las elecciones generales, apelando al miedo a la extrema derecha. La sociedad ha normalizado la existencia de la extrema derecha y que puedan gobernar. El PSOE y la izquierda en su conjunto, se equivocan en su estrategia.

Cuando se intenta crear alarma social con el racismo, la xenofobia, el machismo, el clasismo, el odio y las disposiciones, intenciones o sentimientos antidemocráticos, ya no se produce la reacción esperada. Porque el miedo es personal y hay que respetarlo. No se puede ni criticar, ni crear miedos ajenos, hay que proporcionar argumentos para reemplazar al miedo.

Denunciarlo no es suficiente, es necesario combatirlo con algo diferente y mejor. Es mediocre recurrir en cada campaña electoral a resucitar el fantasma de la derecha. En vez de construir propuestas y alternativas. La ciudadanía está harta de lo mismo, necesita escuchar y ver con sus ojos cosas nuevas, que mejoren nuestras vidas.

El miedo es libre y personal, cada uno lo ve desde su prisma. Para la derecha y la extrema derecha, la regularización extraordinaria de migrantes, puede ser negativa. Otros pensamos que nos da miedo que existan personas que nos asusten con la inmigración y que no se respeten los derechos humanos de las personas.

Pero, la función del miedo ya no funciona para movilizar a la sociedad, para que deje de votar a unas determinadas siglas y vote a otras. Lo primero es solucionar todo lo que acaba provocando y amenazando el ámbito al que se tiene miedo. Todo aquello que ha hecho cambiar su decisión y confiar que la extrema derecha se lo acabe ofreciendo. Lo sabemos todos: empleo, salarios dignos, acceso a la vivienda, servicios públicos…

Se ha dejado de creer en los partidos progresistas, la verdad ha pasado a ser algo meramente subjetivo. Nos da igual que nos mientan, si realmente escuchamos lo queremos oír. Ya no sirve estar asustados para protegernos. En Aragón perderá de nuevo la izquierda, por falta de argumentos, de unidad y de liderazgo. Con el miedo no se consigue nada.

Las nuevas extremas derechas han venido para quedarse y es nuestra responsabilidad  que sigan creciendo o no. Se han convertido en un actor político arraigado en los territorios, con presencia en los parlamentos y aceptado cada vez más. Da igual la denominemos derecha radical, populismo de derecha, extrema derecha, ultraderecha, nacional populismo,  post fascismo, neofascismo o fascismo a secas.

No basta con apelar a miedos antiguos, a similitudes con el pasado. El problema es que una inmensa mayoría no vivió el pasado, lo desconoce o simplemente se lo han tergiversado. El nazismo, el Holocausto, el franquismo quedan demasiado lejos para ponerlos como ejemplos para dar miedo.

La derecha y la extrema derecha han abogado por temas como la seguridad, el nacional populismo, el identitarismo o el nativismo. La defensa de unos valores conservadores, alegando a las necesidades personales, atacando a la corrupción política, a la inmigración, al feminismo y a todo avance social, que impida, según ellos, la calidad de vida a los ciudadanos. Y, lo peor es que muchos se lo han creído.

Unos elementos comunes de la izquierda, que ya no convencen a una parte de la sociedad, como son: el feminismo, la migración, la globalización o el ecologismo. La extrema derecha se fija en las necesidades más primarias y en promesas más concretas. Que nunca cumplirán, pero que mientras tanto, seguirán llenando horas de información, de debate, de intoxicación hasta que lleguen al poder.

Si las fuerzas progresistas no reaccionan, no tienen un discurso convincente y no se unen. Con el miedo no conseguirán nada, la derecha y la extrema derecha, sigue haciendo aceptables discursos y narrativas que hasta hace muy poco no lo eran y lo peor es que cada vez son refrendadas democráticamente por más personas.

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