El Me Too o «#MeToo», en español: «Yo también» se puso de manifiesto a partir de una investigación periodística del New York Times, en octubre de 2017. A raíz de las acusaciones en contra del productor de Hollywood Harvey Weinstein, que efectuó la actriz Alyssa Milano, que revelaron que el magnate, productor de innumerables Oscar y éxitos de Hollywood, había abusado y acosado sexualmente de mujeres durante varias décadas.
A partir de aquí se desencadenó un fenómeno en las redes sociales, alentando a todas aquellas mujeres que hubiesen sido acosadas, a compartir en Twitter (ahora X) sus historias usando el hashtag “Me Too”. Con el fin de denunciar y dar apoyo a todas esas mujeres que han sufrido o sufren de una forma u otra, un acoso, una agresión o abuso sexual.
Muchas mujeres se atrevieron a hacer públicas sus experiencias de violencia siendo objeto de desprecio por parte de algunos hombres. Paralelamente al éxito del movimiento, las mujeres continúan siendo acosadas, maltratadas y asesinadas. Sufriendo retrocesos legislativos en algunos países, sobre la igualdad y la defensa de todos sus derechos. Un movimiento que aglutinó a quienes decidieron romper el silencio y que se expresó a través de una etiqueta en las redes sociales:#MeToo (Yo También).
Nosotros en España estamos viviendo un nuevo «Me Too», con la proliferación de casos de machismo, acoso y abusos sexuales en la política, da igual las siglas o la ideología política. Cada día aparecen nuevas noticias, nuevos casos de machismo, donde las mujeres acosadas o agredidas sexualmente se atreven a decir “Yo también” . Una manera de que la sociedad adquiera conciencia social de la gravedad del problema que acaba en los asesinatos machistas. Una manera de comprender que existen cientos de miles de mujeres, que son agredidas sexualmente y que se ha normalizado socialmente como una forma endémica y generalizada de violencia sexual.
El «Me Too» llega a la Transición española, cuando una mujer ha presentado una denuncia en una Unidad de Atención a la Familia y Mujer de la Policía Nacional, que lo ha remitido al juzgado de Madrid, contra el ex presidente Adolfo Suárez por unos abusos que habrían comenzado en 1983, cuando ella tenía 17 años de edad, y se habrían prolongado hasta 1985. Esta mujer considera liberador romper su silencio y reclama a las instituciones medidas de «reparación social».
¿ Cuántos grandes hombres de la historia podrían ser acusados por abusos sexuales ? El problema es que nadie los denunció o nadie creyó a las víctimas. Adolfo Suárez presuntamente cometió abusos a una mujer hace más de 40 años. El plazo para ejercitar la acción penal y, por tanto, para exigir la responsabilidad penal, no es indefinido, es temporal y además está fallecido. El «yo también» de esta mujer es simplemente el grito de una superviviente, el demostrar que el machismo existió en el pasado, en el presente y por desgracia seguirá en el futuro.
La mayor reparación social no es que se retire el nombre de calles, plazas, aeropuerto y título nobiliario, la mayor reparación social es que siempre cuando se hable de Adolfo Suárez se debería añadir en sus biografías, aparte de su labor política, que fue un presunto acosador sexual. Por eso, es tan importante la denuncia pública.
No todas las víctimas son iguales, ni están en la misma situación, ni están preparadas para poder soportar las consecuencias de su denuncia y no todas están preparadas para efectuarla. Pero, gracias a las que lo hacen, se dan cuenta que no están solas, se liberan, salen de la vergüenza, reciben el apoyo y la solidaridad de una sociedad que creemos en la igualdad y en la solidaridad.
