Un futuro distópico es un futuro indeseable, opresivo y autoritario, en definitiva una involución de la sociedad, una antiutopía. La reconstrucción de la Franja de Gaza parte de una decisión singular del Estado de Israel y de Estados Unidos, sin contar con los palestinos. Una «nueva Gaza» sin residentes palestinos y la eliminación de Hamás. En la que se quiere hacer una visión caricaturesca de un gran resort, complementado con la extracción de combustibles fósiles.
Un proyecto con mucho modernismo, rascacielos, plataformas petrolíferas marinas, campos de energía solar… Todo ello basado en la apropiación del territorio palestino, con una visión colonial y pensando exclusivamente en el beneficio económico. Un plan de Gaza 2035 donde todo es extravagancia. Pero, no se habla ni de democracia, ni de dos Estados, ni de los palestinos, solo de oportunidad económica para unos pocos, que se enriquecerán a costa de los palestinos.
El futuro distópico de Gaza es un plan paternalista olvidando a Palestina y a los palestinos. El yerno de Trump, Jared Kushner, ha presentado el “plan maestro” para el enclave destruido por Israel, nadie se acuerda de las más de 70.000 personas asesinadas y más de 170.000 heridos. No se habla que desde el anuncio del acuerdo de alto el fuego el 11 de octubre de 2025, han perdido la vida 376 palestinos. Un alto el fuego en el que se sigue asesinando.
Pocos lugares en el mundo se enfrentan a un futuro más incierto que Gaza, donde solo interesa el provecho económico, como pasa con Venezuela. Gaza será un lavado de imagen como el de Qatar o los Emiratos Árabes Unidos. Captando el turismo millonario internacional y la extracción de combustibles fósiles, hasta que un día se lo devuelvan a los palestinos bajo un supuesto autogobierno, si queda algún palestino.
Mientras la sociedad internacional hace una genuflexión ante Trump, aunque parece que Europa empieza a marcar distancias. Ya nadie se acuerda del genocida Netanyahu y de la población gazatí. Ahora, simplemente esperar a que el sector privado realice inversiones para conseguir dividendos. Al final Gaza y Venezuela, se parecen mucho. No importa la cuestión humana ni política, solo importa el beneficio económico y de eso Donald Trump ejerce como un empresario más.
