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Defensa de la libertad en el Carnaval de Cádiz.

El carnaval es la defensa de la libertad de expresión y también de la diversión. El carnaval es un reflejo de la sociedad, donde las personas salen a la calle y se otorgan presuntos excesos, especialmente carnales, dentro de un descontrol organizado. Una fiesta donde abunda la crítica que denuncia irregularidades o errores de la clase política, de personajes públicos o hacen parodia de ello.

El carnaval siempre ha sido la fiesta de la libertad, porque siempre habrá alguien dispuesto a reírse de todo. Donde además de servir como desahogo, nos dicen lo que pasa con ironía para reflexionar y con sarcasmo para herir. Todo con un lenguaje políticamente incorrecto. Que siempre ha sido perseguido por las dictaduras, para no permitir la libertad de expresión.

En España, el franquismo impuso la prohibición de la celebración de todos los carnavales en España. Donde hasta la muerte del dictador y el comienzo de la democracia, los carnavales no eran carnavales, porque no había libertad.

El carnaval es una fiesta para cantar en libertad, para denunciar, para ridiculizar, para caricaturizar todo. Ahora, la libertad del carnaval, se encuentra amenazada por las redes sociales con sus reacciones e incluso con una cierta autocensura personal.

Hemos pasado de la censura clásica, por ejemplo en una dictadura, donde el carnaval intenta luchar contra esa falta de libertad. A una autocensura en la que nos hemos convertido en vigilantes, jueces y verdugos, donde ciertos temas no se consideran políticamente correctos.

El Carnaval de Cádiz 2026, ha contado como pregonero con Manu Sánchez, un humorista comunicador andaluz. En el escenario de la plaza de San Antonio, vestido de Hércules, durante casi tres horas de duración, ha sido capaz de hacer un alegato de libertad y de memoria histórica en España y Andalucía. Con un fuerte compromiso social y andalucismo. Un carnaval con más de 200 años, en el que se cantaban coplas contra Napoleón para resistir al asedio con humor, donde se ha parodiado desde la monarquía o los presidentes de Gobierno. No hay nada que las mordaces letras de las chirigotas de Cádiz no hayan parodiado.

Después de 50 años de la muerte del dictador Franco, Manu ha hablado de la nostalgia del franquismo, «si eras carnavalero, con Franco no vivías mejor». Durante su pregón, disfrazado de Hércules y rodeado de los leones del escudo gaditano, Plus y Ultra. Uno de izquierdas, y otro de derechas. Ha satirizado a la extrema derecha: «Por qué lo llaman nostalgia, si su nombre es fascismo«.

Ha recordado a Blas Infante, padre de la patria andaluza y a Manuel José García Caparrós (Málaga, 1960-1977) un trabajador malagueño y militante de Comisiones Obreras, asesinado durante la manifestación de la autonomía andaluza el 4 de diciembre de 1977 por un disparo efectuado por la Policía Armada. La muerte de García Caparrós es uno de los símbolos de la lucha del pueblo andaluz por su autonomía y que contó con la presencia de sus tres hermanas.

Manu Sánchez ha reivindicado el carácter combativo del carnaval, sin complejos, con crítica política y conciencia social. Se parodió a Franco, hubo muchos mensajes y con mucha intención, para algunos fue un pregón que parecía un discurso político y con demasiadas pretensiones intelectuales. Pero, Manu Sánchez hizo un pregón en defensa de la libertad, lanzando mensajes de advertencia política. Defendiendo la reivindicación en las calles de Cádiz de los obreros del metal. Haciendo constantes referencias a la crispación y al peligro «ultra» de esta derecha que nos amenaza.

Haciendo constantes llamados a Cádiz como cuna de la libertad. “La libertad se defiende, la libertad se cuida, se protege. La libertad hasta se hereda, pero debe ser consciente. Cádiz, cuna de la libertad, cuidado por si de tanto acunarla, vamos a dejarla dormir”. No faltó su referencia a Bad Bunny, “aunque esto no sea la Super Bowl ni aquí esté Donald Trump, pero aquí sí hay fascistas”. Sánchez condenó “la nostalgia de mentira”, apeló al amor frente al odio, y a la libertad, frente al miedo. Y contra esa nostalgia, “memoria, memoria y memoria”.

Manu Sánchez recordó que libertad es una palabra de ocho letras, igual que las provincias de Andalucía: “Es una palabra escrita con la sangre de lesbianas, maricones, carnavaleros, copleros, comparsistas y poetas. Se conquista en siglos y se pierde en una tarde”. Dejando muy claro que la «Libertad es un derecho y, como todos los derechos, se conquista por la izquierda«.

El pregonero ha cuestionado a quien quiere controlar la libertad como si la libertad necesitase policías, cuidadores o tutores. “No se puede ser medio libre. La libertad avanza o desaparece. No se puede pasear con correa, la libertad muerde la mano que le da de comer, la libertad es más difícil con hambre”.

Hubiera servido su discurso para cualquier líder de un partido progresista. Pero, faltó calor en el auditorio o quizás pareció demasiado largo, en una época de apatía política y desmovilización de la izquierda. En un tiempo de la inmediatez y la rapidez. Donde muchos y muchas como el león ultra: «escucha la palabra pienso y ya se echa a temblar«.

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