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Rufián puede conseguirlo.

Gabriel Rufián quiere espolear a la izquierda, quiere unirla y además quizás puede conseguirlo. Es diputado desde 2016 y portavoz en el Congreso de los Diputados desde 2019. Es hijo de la inmigración. Es el que traduce el discurso independentista de Esquerra Republicana. Aunque se supone que utiliza el catalán en la intimidad.

Rufián es un personaje que cuesta encajarlo en el independentismo catalán. Quizás peca de prepotente, pero es listo y también inteligente. Capaz de simplificar los mensajes, habla como escribe en X. Provoca tanto insultos como elogios, es un buen actor y mejor orador. Su puesta en escena es radical, pero es pausado y tranquilo.  Se reivindica de izquierdas convencido, fue un mileurista hasta que llegó a la política. Podría parecer un activista y quizás lo es.

Es difícil distinguir la persona del personaje, aunque parece sincero y transmite credibilidad. Sabe moverse en las redes sociales. Tiene un canal de YouTube llamado La fábrica de Rufián en el que hace entrevistas a personas famosas o conocidas. Su retórica es agresiva, a veces descalificativa, pero normalmente dice las cosas claras a sus oponentes. Sin olvidar sus mensajes independentistas, que para eso es portavoz de ERC.

Está claro que Rufián no tiene el apoyo de su partido para erigirse en un líder nacional de la izquierda, porque su partido defiende la independencia de Catalunya. Pero, él insiste en que los partidos a la izquierda del PSOE tienen que tener esta conversación para frenar a la extrema derecha.

​EH Bildu y BNG no están de acuerdo con la idea de Rufián. Podemos va por libre. Y, IU, Sumar, Más Madrid y Comunes lanzarán su alianza de izquierdas el 21 de febrero para las próximas elecciones generales. Pero, no están de acuerdo con que lidere el proyecto la actual Ministra de Trabajo y Economía Social de España Yolanda Díaz. Es decir, una alianza de izquierdas sin líder o lideresa.

Para muchos Rufián está pecando de protagonismo. Cuando el independentismo de Esquerra Republicana escogió a Rufián como portavoz. Nadie entendió que fuera el sucesor de Joan Tardá, se apostó por la juventud y por una persona que podía atraer a indecisos de la izquierda catalana que no estaban identificado con el independentismo catalán. Y, lleva siete años como portavoz en Madrid.

Rufián no aspira a ser presidente del Gobierno, pero puede despertar a esa izquierda sin ganas, sin ideas, sin equipos y sin líderes. Por lo menos, sirve para despertar conciencias, para resucitar esperanzas. Si nadie se mueve, si nadie hace nada para frenar a las derechas. Por lo menos Rufián, lo intenta. Otra cosa es que lo consiga.

Es gracioso y paradójico, que Gabriel Rufián encabece un movimiento para ilusionar a la izquierda, desde un partido independentista como ERC, para toda España. Se le puede criticar, pero él tiene claro que hay que hacer algo para frenar a la ultraderecha. Si no lo consigue Rufián, que por lo menos sirva para que otros lo intenten y lo consigan.

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