El 3 de febrero de 1962, el presidente estadounidense John F. Kennedy firmó una orden imponiendo «un embargo a todo el comercio con Cuba». Después de 64 años, entre penurias y desencanto, la población cubana sigue resistiendo al bloqueo de Estados Unidos. Todo con el único objetivo de crear desesperación, hambre y forzar el derrocamiento del Gobierno cubano.
Kennedy embargó todas las importaciones, las exportaciones y las transacciones financieras con Cuba. En 1964, con el presidente Lyndon Johnson, se añadió el embargo de los alimentos. En los años 70, con Jimmy Carter empezó un periodo de normalización de las relaciones con Cuba. Se levantó, la prohibición de viajar y el embargo sobre el comercio entre Cuba y con las filiales de empresas estadounidenses que operaban en terceros países.
En los años 80, el presidente Ronald Reagan se volvió a imponer la prohibición de viajar a Cuba y la puso en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, que duró hasta 2015. En 1996, con Bill Clinton, se pasó de un bloqueo bilateral a un embargo internacional.
Con Obama se permitió el comercio entre los dos países y se autorizó a Cuba a hacer transacciones internacionales con dólares estadounidenses, se permitieron los viajes y se reabrieron las embajadas.
En dicho mandato de Obama, llegó la muerte de Fidel Castro, el 25 de noviembre de 2016. Aunque oficialmente había entregado el poder a su hermano Raúl en 2006. Miguel Díaz-Canel se convirtió en el presidente de Cuba. Y, el régimen cubano siguió resistiendo.
Con la llegada de Donald Trump, Estados Unidos regresó a la política de hostilidad con Cuba. En 2019, Cuba volvió a la lista de Estados patrocinadores del terrorismo internacional. Con Biden nada cambió en las relaciones de Estados Unidos con Cuba. Y, ahora en el segundo mandato de Donald Trump, después del ataque terrorista a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro. Ha supuesto que Venezuela, su principal proveedor, ha dejado de suministrar petróleo a Cuba.
A eso se ha añadido una orden ejecutiva de Trump que amenaza con imponer aranceles adicionales a los países que suministren petróleo a la isla, como México. Lo que supone un bloqueo total de Cuba, que le está sumiendo en una profunda crisis social y económica, además de estar al borde del colapso energético.
Cuba ha resistido la invasión en la Bahía de los Cochinos, la crisis de los misiles, el embargo, las sanciones de Estados Unidos, el fin de la URSS. Pero, ahora el asedio a Cuba se ha convertido en una asfixia de la economía cubana. Donde el bloqueo energético de la isla, se ha convertido en una cuestión de seguridad nacional para Estados Unidos.
La Oficina de Derechos Humanos de la ONU, ha señalado que la presión estadounidense afecta de manera desproporcionada a los sectores más vulnerables. Y, que dichas medidas “no son efectivas” ya que las sanciones deben ser autorizadas por el Consejo de Seguridad de la ONU y no solo por Estados Unidos.
El bloqueo a Cuba y la escasez de combustible afecta al sistema estatal de racionamiento, a la salud, el suministro de agua y energía, medicamentos… Provocando el desmantelamiento de cualquier tipo de turismo. Según la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, el bloqueo a Cuba aparte de no ser efectiva, no cumple ni con la Carta de Naciones Unidas ni con el derecho internacional. Lo cual no deja ser otra forma de genocidio, que dura 64 años.
