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El nuevo sistema de esclavitud.

Más de un siglo después, de abolida la esclavitud, hay cientos de miles de personas, negros, blancos y mestizos, que trabajan en condiciones análogas a la esclavitud. Donde miles de inmigrantes llegan a nuestras sociedades para hacer un trabajo esclavo, que no quieren hacer los españoles. Cubren la mayoría de los empleos rechazados en el servicio doméstico, el cuidado de mayores, en el campo o en la construcción. Tienen vidas y trabajos diferentes, pero les une un punto en común: son inmigrantes.

La sociedad se abastece de mano de obra inmigrante para los trabajos que los ciudadanos españoles son más reacios a aceptar debido a las malas condiciones laborales. En definitiva, los inmigrantes hacen los trabajos que no quieren los españoles, que podemos extrapolar a otros países. Los inmigrantes no vienen a quitarnos los empleos a los españoles, hacen lo que nadie quiere hacer en peores condiciones y con la presión de que si no tienen un empleo no pueden regularizar su situación en el país.

Hemos creado un nuevo sistema de esclavitud, donde el mercado laboral demanda principalmente ocupaciones poco cualificadas. Donde los inmigrantes recogen nuestras fresas, viven en chabolas en condiciones más que precarias, a veces sin contrato y con condiciones salariales muy cerca de la esclavitud. Limpian nuestras casas, cuidan de nuestros hijos y de nuestros mayores… De sus derechos laborales y de sus sueldos mejor no hablar. Hemos normalizado que los inmigrantes están para hacernos el trabajo con el mínimo de dinero.

Pero resulta que para una parte, cada vez más importante de la población, la inmigración se ha convertido en el principal problema, por encima del paro, de la crisis económica y de los problemas políticos. Además, de que la inmigración explica casi totalmente el aumento de la población española de las últimas décadas. La inmigración se ha convertido en un problema social y político para la derecha y la ultraderecha.

Cuesta creer que los mismos que tienen a inmigrantes explotados haciendo los trabajos que nadie quiere hacer, son los que hablan de su expulsión. Quieren acabar con las políticas de efecto llamada, que nunca podrán obtener su regularización por no tener un trabajo legal. Aparte de todo el racismo, la xenofobia y el clasismo de una parte de españoles y españolas que desprecian a los inmigrantes. Que solo conciben su utilidad como un nuevo sistema de esclavitud. La inmigración se ha convertido en la manera más efectiva de garantizar la esclavitud perpetua.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, el jueves pasado, en una de sus intervenciones en la Asamblea de Madrid, respondiendo a una intervención de  la portavoz de Vox en el Parlamento autonómico, haciendo alusión a la vivienda y el «premio» que el Ejecutivo regional está dando «para los de fuera» y el «castigo para los de dentro«. Dijo la presidenta: «Alguien tendrá que limpiar en sus casas, alguien tendrá que recoger sus cosechas y alguien, señoritos de Vox, tendrá que poner los ladrillos de las casas» 

La misma que dice que se está  «pervirtiendo el sistema» con inmigración ilegal y con personas «sin oficio ni beneficio», ahora defiende a unos inmigrantes para hacer los que los nacionales no quieren hacer. Deja la xenofobia y el racismo, para dar una lección de un trasnochado clasismo y perpetuando este nuevo sistema de esclavitud. Despreciando a estas personas y limitando sus posibilidades de mejora social.

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