Hace 5 años, el 6 de enero de 2021, pudo ser el comienzo de un nuevo orden mundial, con el intento de golpe de Estado en el Congreso Federal de los Estados Unidos. Un golpe a la democracia por parte de Trump, cuando en un mitin fuera de la Casa Blanca, instó a la multitud a dirigirse al Congreso y a «luchar con todas sus fuerzas». Cientos de seguidores irrumpieron en el Congreso con la intención de revertir su derrota en las urnas. A su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, Trump indultó a las personas condenadas de «sedición» por el asalto violento a la sede de la soberanía popular norteamericana.
El que nunca aceptó la victoria de Joe Biden en noviembre de 2020, diciendo que hubo fraude lo reeligieron los norteamericanos con una victoria clara. Cuesta entender que una persona que ataca a la democracia, sea elegido democráticamente. Comenzó su mandato Trump con la aplicación de los aranceles, impuestos a más 90 países, para proteger a la industria de su país y también como un arma negociadora con distintos países. Una manera de imponer un nuevo orden mundial.
Dijo que acabaría con la guerra de Ucrania en 24 horas, pactó una paz con Israel disfrazada de negocio en la Franja de Gaza. Un presidente que se declara antibelicista, que desea el Nobel de la Paz, pero quiere que Estados Unidos vuelva a dominar el mundo. Ante una Europa servilista, una Rusia sin el poder militar de la antigua URSS y la incógnita de China. Trump se ha dado cuenta que es el «puto amo» y que nadie puede hacer nada para esa imposición de un nuevo orden mundial.
Con el ataque terrorista contra Venezuela y el secuestro de Maduro y su esposa, Trump ha demostrado que no cree en el derecho internacional, que desprecia las instituciones internacionales y que entiende la política exterior como un ejercicio de fuerza y dominación gracias al ejército más potente del mundo. El que quiso anexionarse Canadá, apoderarse del Canal de Panamá o hacer un resort en la Franja de Gaza. Ha atacado a Venezuela, amenaza a Colombia, a Cuba, a México y anexionarse Groenlandia. Y, además controlar la exportaciones de petróleo de Venezuela. Nadie puede frenar a Trump y él lo sabe.
La soberanía de los pueblos y de la paz mundial está en riesgo, un peligro para la humanidad, como pudo ser Hitler, elegido también democráticamente por el pueblo alemán se convirtió en Canciller y también en dictador que se apoderó de prácticamente toda Europa, ante la debilidad de Francia e Inglaterra. Trump, no ha engañado a nadie, quería «ser un dictador desde el primer día» y lo está siendo. Dijo que: «Podría pararme en mitad de la Quinta Avenida y disparar a gente y no perdería votantes«.
A Trump no le preocupa ni la Carta de las Naciones Unidas, ni la opinión de la comunidad internacional, ni incluso la opinión de una ciudadanía que está a favor de su lema MAGA (Make America Great Again), hacer a Estados Unidos grande de nuevo. El nuevo orden mundial de Trump está en camino, la pregunta es si alguien será capaz de frenar este desorden.
