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La obligación ética del «No a la guerra».

El «no a la guerra» de Irak en 2003 supuso una fractura social inédita entre gobiernos y la ciudadanía, principalmente en Estados Unidos, Reino Unido y España. Ejerciendo la ciudadanía su obligación ética de defender la legalidad internacional y el rechazo a una guerra ilegal.

Se estima que 30 millones de personas se manifestaron en más de 600 ciudades en la fecha histórica del 15 de febrero de 2003 en contra de la guerra de Irak. Una guerra con muchas connotaciones parecidas a la guerra de Irán: una guerra ilegal, con decisiones unilaterales, con desprecio al derecho internacional y al papel de las Naciones Unidas. Además, de una supremacía militar por parte de los atacantes.

Con la misma idea que en Irak, esperando que el régimen del tirano Saddam Hussein se derrumbara, las tropas se rindieran y los iraquíes se revelaran. Al igual que en Irán, que se esperaba con el ataque estadounidense e israelí, una victoria rápida y que se levantara el pueblo iraní contra el régimen de los ayatolás.

Estados Unidos e Israel, nos han embarcado en un conflicto que ha generado una crisis energética y económica, donde solo han primado sus intereses. Pero, al contrario que con el «no a la guerra» de Irak, no se ha producido esta vez la reacción multitudinaria. Parece que la sociedad está inmunizada por la barbarie de la guerra, después de cuatro años de guerra en Ucrania y del genocidio israelí en Gaza.

El compromiso ético y la obligación del «no a la guerra» parece que está más diluido, como si a la sociedad le importara menos la paz, el derecho internacional, el imperialismo, el unilateralismo y las políticas belicistas y genocidas. La fuerza de la gente unida, no solo sirve para protestar, sino para obligar a los Estados a no participar y apoyar una guerra ilegal.

La ciudadanía estamos pagando las consecuencias económicas de una guerra ilegal contra Irán declarada por Estados Unidos e Israel. Pero, además hay una realidad humana que parece no importar, una guerra que no respeta a civiles, como esas 176 niñas asesinadas por un bombardeo estadounidense en colegio en el sur de Irán. Aparte, de la limpieza étnica en el Líbano y del desplazamiento de miles de refugiados.

Soportamos la subida de los precios del petróleo y del gas, las consecuencias de una previsible subida de los precios de los productos de consumo, de los servicios, de los desahucios. La inestabilidad económica y una posible recesión a nivel global. Pero, la ciudadanía no sale a protestar. Se calla, protesta en privado o lo expresa en redes sociales.

La sociedad está olvidando su obligación ética del «no a la guerra», de protestar contra el  militarismo, contra el imperialismo de Estados Unidos y del expansionismo genocida de Israel. Olvidando también la invasión de Ucrania por parte de Putin, que también es imperialismo y expansionismo genocida por parte de Rusia. Algo tiene que cambiar en nuestra obligación y deber ético de protestar y de hacer algo más, por parar las guerra.

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