En política, un corolario es la consecuencia derivada de una postura ideológica, una proposición que no necesita prueba particular y se deduce con facilidad de lo demostrado previamente. El corolario del voto a la extrema derecha es el resultado de un discurso basado en la simplicidad de los mensajes, en presentar a “el pueblo” como víctima de las élites corruptas, buscando siempre un enemigo. Normalizando la mentira. Redefiniendo términos como “libertad”, “patriotismo” o “democracia”, con un negacionismo científico y teorías conspirativas para sostener sus posiciones. Además, de sus conceptos identitarios y excluyentes. Todo eso, más y peor, es lo que ahora más se vota y representa el mayor peligro a la democracia y a la sociedad plural que tanto nos ha costado crear.
El monstruo del neofascismo está haciendo un trabajo ideológico, obteniendo una representación cada vez más grande y obligando al Partido Popular a seguir las premisas de la extrema derecha. Además, esa parte de la sociedad de «indignados que fueron votantes progresistas y que ahora engrosan la abstención o votan a la extrema derecha. Esos que fortalecen el discurso del odio, la xenofobia, el machismo, la intolerancia y niegan la memoria. No pueden ser ellos los que estén en los gobiernos autonómicos o algún día en el Gobierno de España.
Esa misma extrema derecha que es determinante en el debilitamiento de la democracia como régimen de gobierno y condiciona enormemente la calidad democrática con su llegada a los parlamentos. Destruyendo la democracia desde las instituciones, con bulos, con una estrategia anti gobierno, forzando la judicialización de la política, luchando contra igualdad y defendiendo los intereses de los sectores más privilegiados económicamente de la sociedad. Y, a esos son, los que votan los más desahuciados e indignados.
El corolario del voto a la extrema derecha no sirve para solucionar la lucha contra la corrupción, ni para mejorar la transparencia de la política, ni para contribuir al desgaste y la confianza en las instituciones políticas, ni a favor de la democracia en general. La extrema derecha es la vía sucia que va en contra de la sociedad de bienestar, de los más necesitados, de los diferentes a ellos, de las mujeres, de los inmigrantes.
Pero, el mérito no es de la extrema derecha, es el fracaso de una izquierda que logró convencer a la ciudadanía de unos cambios sociales, de la ampliación de derechos, disminuir la pobreza, garantizar lo público en educación, salud, medicina y pensiones. En definitiva, un Estado de bienestar que cada vez es más difícil de garantizar por las crisis económicas y la falta de previsiones presupuestarias, que cada vez deja más desigualdad. Y, que en parte es por acierto de la ultraderecha, que han sabido captar a esa ciudadanía harta y olvidada. Pero, que no se engañen, esa extrema derecha no mejorará sus vidas, porque ellos representan y defienden los intereses de los sectores más privilegiados económicamente de la sociedad.
