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El cambio de año, no cambia nada.

A punto de acabar el año 2025, nos quieren hacer creer que cada fin de año, al pasar de las 23:59 del 31 de diciembre a las 00:00 del día 1 de enero, va a cambiar todo. Pero, el cambio de año, no cambia nada. Solo cambia lo superficial y lo momentáneo. No cambia nuestra actitud, ni nuestras creencias, ni nuestros hábitos, ni nuestros egos, ni nuestros egoísmos. Ni cambia el mundo que nos rodea. No hay que esperar al 1 de enero para cambiar, cuando hemos tenido todo un año para hacerlo.

Nos marcamos el fin de año y el principio de año como un momento de cambio, de cierre, de poner orden, de tiempo de reflexión, de establecer prioridades, de nuevas metas… Lo único que permanece a lo largo de nuestra vida es el cambio. Todo cambia inexorablemente, del mismo modo que el tiempo pasa inevitablemente. Pasan los días, las semanas, los meses y los años, con cambios que escogemos y los otros que son sobrevenidos. Decía Honoré de Balzac, “aunque nada cambie, si yo cambiotodo cambia”. Aunque, eso solo supone un cambio en nosotros, que nos puede llevar a percibir el mundo de otra forma, pero nada cambia,  todo sigue igual. Para que todo cambie, se debería dar la circunstancia de que todo el mundo cambiase y eso todos sabemos, que es imposible.

Los que creemos que el mundo se puede cambiar, quizás somos ilusorios, utópicos, inocentes e ingenuos. Pero, seguimos luchando desde una decisión personal, que es donde realmente empieza el cambio, aunque no se note. No subestimo los poderes, los intereses, los problemas… Pero, cada uno tiene la responsabilidad de hacer algo, para mejorar este mundo, desde un activismo social. Todos los días, no solo el primer día del año. Porque, el cambio de año, no cambia nada.

El pasado nos ha fallado demasiadas veces, el futuro es una ilusión basada en propósitos que se desvanecen y solo el presente puede lograr el cambio. No podemos buscar en el cambio de año un proceso de cambio, que no lo hacemos el resto de los 365 días. Cualquier proceso de cambio es fruto del día a día y por lo tanto del presente. No es cambiar el mundo a una manera particular.

Es simplemente cambiar lo obvio, lo que va en contra de los débiles, de los pobres, de las diferencias, de las injusticias. Cambiar la guerra por la paz. Cambiar el hambre por la justicia social. Cambiar el odio por el amor. No hay que esperar a que finalice un año, para cambiar el mundo, ni para desear lo mejor.

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