El crimen de Atocha fue el 24 de enero de 1977, hoy hace 49 años. Un atentado a un despacho de abogados de la madrileña calle de Atocha, número 55, por un grupo de pistoleros de extrema derecha, que tuvo lugar en un ambiente de violencia política generada para torcer la Transición y por tanto el rumbo hacia la libertad y la democracia.
La memoria se puede borrar, modificar, tergiversar o ampliar todo aquello que ocurrió. Reconstruir los hechos del pasado como el atentado de Atocha nos puede ayudar a entender un poco más el presente. La memoria es un elemento cargado de subjetividad pero con gran capacidad simbólica y nos sirve para conocer lo que pasó, el contexto social y lo que significó.
Recordar es un derecho y un deber para que las nuevas generaciones tengan la oportunidad de conocer nuestro pasado con la distancia emocional que nos da el tiempo. Después de casi cuarenta años de dictadura franquista, el pueblo español estaba convencido del cambio, se luchaba en las empresas, en las universidades, en las asociaciones de vecinos, en las calles contra las cloacas del franquismo.
La violencia policial y de pistoleros de la extrema derecha querían dominar las calles. La víspera del atentado de Atocha, el domingo 23 de enero, en una manifestación en la que se pedía amnistía para los presos políticos, unos pistoleros de la ultraderecha asesinaron de un tiro en la espalda a un estudiante de 19 años Arturo Ruiz García. El mismo día 24 de enero el grupo terrorista GRAPO secuestró al Teniente General Villaescusa que era presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar.
Al día siguiente se convocó una manifestación de protesta contra el asesinato de Arturo. En esta manifestación, María Luz Nájera Julián, alumna de tercer curso de la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, moría a manos de la policía, que le disparó un bote de humo contra el cráneo a quemarropa.
En este escenario de violencia política, se producían constantes huelgas con reivindicaciones políticas y laborales que eran asesorados por el despacho de abogados de Atocha. A las diez y media de la noche en el despacho de abogados, unos pistoleros de ultraderecha preguntaron por Navarro, un dirigente de las Comisiones Obreras del transporte urbano de pasajeros de Madrid, que se había reunido en el despacho para evaluar el acuerdo logrado con la patronal. Navarro ya no estaba.
Los pistoleros comenzaron a disparar a discreción. Fallecieron Luis Javier Benavides, Serafín Holgado, Javier Sauquillo y Enrique Valdelvira, abogados de CCOO y del PCE. También murió, Ángel Rodríguez, administrativo del despacho. Además, quedan malheridos Alejandro Ruiz-Huerta, Luis Ramos, Dolores González y Miguel Sarabia, también abogados.
La democracia fue fruto de la lucha de los españoles y españolas, de la gente de a pie, de las movilizaciones obreras y populares. Y, el 25 de enero se celebraron asambleas en los centros de trabajo y al día siguiente, con ocasión del entierro de los Abogados de Atocha, se produjo una enorme manifestación de carácter pacífico, que en silencio clamó por la solidaridad con las víctimas y por las libertades. La respuesta del pueblo español ayudó y aceleró la marcha hacia la democracia.
El atentado de Atocha es un recuerdo perenne en los que tenemos más años, unos asesinos que buscaban a un sindicalista de CCOO, pero que encontraron trabajando a un grupo de abogados, que se convirtieron en víctimas de una extrema derecha que no quería la democracia.
