¡Triste Navidad!
Nos educan desde pequeños a ver la botella medio llena, a ser optimistas, a engañarnos con una supuesta felicidad. Incluso te dicen que si eres positivo, la vida te va a ir mejor. Nos venden momentos de felicidad construidos en relaciones de amistad, amor, fechas destacadas y consumismo. Intentamos reemplazar los sentimientos negativos, todas las cosas inalcanzables y las metas irreales de esta sociedad moderna, por un fingimiento basado en la felicidad. Una felicidad basada en el placer momentáneo, con la cultura del tener, con la identificación, con la obtención de reconocimiento, con la belleza física o con la evasión. Se nos olvida la ética, los principios, el buscar dar sentido a nuestra vida, la solidaridad. Una falsa idea de felicidad que se recrea en nuestro ego, en un egoísmo que nos hace olvidar a los demás. La obsesión por el yo y nuestras cosas, donde todo parece que lo único importante…
