«No hay pan para tanto chorizo» fue una de las frases más icónicas del movimiento de los indignados, del movimiento del 15-M en 2011. Los mismos problemas del 2011 siguen en la actualidad, el 15-M cuestionó el sistema, había un descrédito de la política por la corrupción del PP, fue un grito contra los privilegios de unos pocos, los jóvenes no tenían futuro, ni trabajo, ni casa. Se decía «no les votes», «no nos representan». El 15-M no tenía siglas, no estaba vinculado a ningún partido, fue un movimiento social, pero también político.
La corrupción es un mal estructural del sistema, no es solo un problema de los políticos, es también problema de las empresas implicadas. La corrupción está afectando al parlamentarismo, a la credibilidad de la política y de los políticos. La indignación contra la corrupción, tanto del PSOE como del PP, se convierte en una baza para la antipolítica, para que suba el porcentaje de personas que están dispuestos a votar a la extrema derecha.
El «no hay pan para tanto chorizo» ha cambiado el significado, porque ahora los «indignados» son los que ven como única posibilidad votar a la extrema derecha. Se quiere generalizar que todos los políticos son unos «chorizos». A la desigualdad económica, a la precariedad, a la frustración social se añade una corrupción que parece sistémica, que afecta al sistema democrático en su totalidad. Pero, eso no es cierto, solo nos quieren convencer de ello.
Cuando la democracia no mejora la vida de la ciudadanía y encima se mezcla con corrupción, la democracia pierde legitimidad. Es el caldo perfecto para que el populismo autoritario se presente como la única solución. Hoy 50 años de la muerte del dictador Franco, no podemos caer en la trampa que nos tiende la extrema derecha.
La responsabilidad, de que «no hay pan para tanto chorizo» es de los partidos políticos. Da igual se llame PP, PSOE o tenga otras siglas. La falta de control y transparencia, la lentitud de la justicia, la negativa a dimitir… Hace que las personas que cometen actos en beneficio propio, parezca una cosa generalizada, donde la culpabilidad es compartida por las empresas que están detrás de esta corrupción. Porque en toda corrupción hay corruptos y corruptores.
Y, dichos corruptores seguirán existiendo con los políticos de la extrema derecha. Quizás la diferencia es que no se enteraría nadie. ¿ Alguien piensa que no existe corrupción en una dictadura ? En el franquismo existió una corrupción estructural de 1939 a 1975, con la ausencia de controles democráticos, una censura que permitió prácticas corruptas y el enriquecimiento de la familia Franco y de personas del régimen, recompensando lealtades y manteniendo redes clientelares. La corrupción existió en la dictadura franquista y por desgracia existe también en las democracias, porque siempre existe la búsqueda de beneficio personal tanto por corruptos como de corruptores.
La democracia es el único sistema que puede reforzar el control y la transparencia en las instituciones, crear un marco legal robusto para combatir la corrupción. En España hemos llegado a normalizar socialmente la corrupción y su impunidad. La ejemplaridad la exigimos, queremos que todos tengan un comportamiento ejemplar. Pero no siempre sucede así. Hay determinados comportamientos que les pedimos a los políticos: para que se merezcan nuestra confianza, exigimos políticos, cargos públicos, empresarios, curas, periodistas… ejemplares. Pero, por desgracia, no siempre es así, cuando prevalece su interés económico personal.
La ejemplaridad es necesaria, pero no es suficiente. El control de la gestión y la transparencia es fundamental y decisiva. La tentación siempre existirá y debe ser un compromiso buscar los sistemas para identificar y disminuir los casos de enriquecimiento personal con el dinero de todos. Yo sigo creyendo en la política y en los políticos, hoy 20-N un poco más si cabe.
