Nuestros ojos nos permiten percibir lo que nos rodea, un sentido con el que vemos y sentimos. Aunque, mirar para otro lado, lo hacen frecuentemente demasiada gente. Un manera de negar la evidencia, de negar lo que sucede, de disfrazar la realidad, una manera de no asumir responsabilidades, una forma de cobardía, una manera de evitar la ansiedad y el sufrimiento de intentar mejorar cualquier situación. Parece que todo el mundo prefiere mirar hacia otro lado para no afrontar los problemas. El mirar para otro lado frente al problema de los demás, parece una constante generalizada en esta sociedad.
Lo más fácil es ver el otro lado y pensar que las cosas no pasan, no existen. También están los que no quieren mirar y los que miran y no ven. Los que niegan la verdad, aunque la vean. Los que desprecian lo que ven e incluso los que odian lo que no les gusta, por ser diferentes o ser pobres. Mirar para otro lado o simplemente no mirar como señal de desprecio a los demás, sean cercanos o lejanos, conocidos o desconocidos.
Mirar hacia otro lado para no ponerse en el lugar de los demás, de no molestarse en comprenderlos, en ponerse en su lugar. Pensando que esas personas ni siquiera merecen su atención. El mirar para otro lado es una constante en nuestra vida diaria, lo hacemos con nuestra pareja, con nuestros compañeros, con nuestra familia y por supuesto con ese indigente o inmigrante pobre que nos cruzamos en la calle. Lo hacemos cuando cambiamos de canal de televisión, en el momento que nos muestran una catástrofe o una guerra. Incluso se mira para otro lado cuando hay indicios de violencia de género contra una mujer.
A esas personas que giran su cara para no ver, es lo más sencillo, más cómodo no preocuparse por los demás, no sentir empatía… Insensibles, individualistas, egoístas, hedonistas y consumistas. Encerrados en un núcleo personal, familiar o social donde son inmunes a todo lo que acontece, tienen puesto un chubasquero que hace que todo les resbale. Son parte de los que afirman ser apolíticos, que no les interesa la política, que critican todo y no colaboran en nada.
Basta mantener abiertos los ojos, no cerrarlos ante la realidad, ni mirar para otro lado, para saber que existe la pobreza, la marginación, la discriminación, las injusticias, la miseria, la violencia… Están ahí, junto a nosotros o cerca de nosotros, a lo largo y a lo ancho de nuestra sociedad y de nuestro mundo. Estas personas viven al margen de todo lo que deciden que no les interesa y además no están dispuestos a hacer nada para cambiar. Convivimos con ellas y con ellos, son el lastre más grande para mejorar este mundo, prefieren seguir mirando para otro lado o simplemente no mirar.
