La maldad es el arte de dañar, que tiene siempre consecuencias negativas. Porque se puede disentir entre lo que está mal y lo que está bien, porque siempre lo que para unos está bien, para otros está mal. Pero, hay circunstancias que por su grado de sufrimiento, exceden toda posible duda, como puede ser una enfermedad, una guerra, una catástrofe natural o un accidente. Es evidente que la DANA de 2024 o el accidente del domingo 18, en Adamuz (Córdoba) entre dos trenes, con un balance de 42 fallecidos y numerosos heridos. Son dos ejemplos del mal y también por desgracia del uso de la maldad como estrategia política.
El ser humano siempre ha estado enfrentado a la disyuntiva entre el bien y el mal, es uno de los grandes problemas que el ser humano se ha planteado desde sus orígenes. ¿Qué es el mal?, ¿De donde proviene? ¿Quién hace el mal? ¿ Cómo puede haber seres tan malvados ? Incluso la duda de la existencia de un Dios que permita tanto sufrimiento. Buscamos explicaciones a la maldad en las personas, relacionándolo con sus rasgos biológicos o con la influencia del contexto donde han crecido.
El mal ciertamente existe, lo vemos a nuestro alrededor y en nosotros mismos. Todos estamos expuestos a sufrir un accidente o ser víctimas de cualquier catástrofe. Pero, cuando se observa que la maldad humana es capaz de utilizar el dolor ajeno para un provecho propio, se siente verdadero asco por los que la utilizan. Personas que quizás se reconozcan como cristianos y en partidos políticos con esas raíces, basados en los principios de la culpa y la redención. Pero, que no conocen la compasión.
No sé si el mal existe o es la ausencia del bien. Pero, hemos de enfrentamos con nuestra responsabilidad personal y social a combatir una estrategia política basada en la maldad, en hacer daño a los que sufren. A lo largo de la historia la maldad siempre ha tenido un lugar preeminente a nivel social y político, acabando en problemas inacabables como las guerras y el odio.
Me sobrecoge, me conmueve, me asombra y me asquea que haya partidos políticos de la extrema derecha, que utilicen el dolor de las personas, para seguir con su campaña política y buscar responsabilidades sin pruebas de una catástrofe ferroviaria. Me resulta imposible entenderlo, pero está claro que existe. Me repugna y me llena de rabia que pueda haber una sola persona, que pueda aceptar esa estrategia política.
La maldad forma parte de nuestra naturaleza como el amor, la violencia o el deseo. Pero, parece inexplicable, que una parte de la sociedad sienta una cierta fascinación por esa maldad, que pidan «respuestas» a veinticuatro horas de un accidente y que sean capaces de encontrar culpables sin pruebas y sin juicios. Que ciertos medios de comunicación y redes sociales utilicen el morboso dolor para plantear «dudas, preguntas y expertos» sobre el accidente de Adamuz. Con la única intención de buscar responsabilidades en el Gobierno de España.
No juzgo. No soy nadie para juzgar, ni creo que sea bueno querer ratificar hipótesis sin investigación, ni pruebas. No se puede justificar «las prisas y las dudas» de los motivos de un accidente para acusar, con el propósito de repetir las mismas barbaridades, hasta que se haga «verdad». Una cosa es analizar y criticar y otra muy diferente es utilizar la maldad para hacer daño.
La falta de moralidad de Vox, de no respetar el duelo nacional, el mantener su campaña electoral en Aragón y atacar al Gobierno de España sin pruebas, es una muestra de que antecede su estrategia política al dolor de las personas. La extrema derecha está enferma de odio y de eso no hay quien les cure. Mientras tanto el presidente del Gobierno Pedro Sánchez y el presidente andaluz Moreno Bonilla han demostrado una lealtad y colaboración institucional, que no existió en la catástrofe de la DANA.
Una cordialidad que se desvanece cuando Feijóo dice en Adamuz: «El Gobierno no nos ha dado ninguna información«. El Partido Popular sabe que tiene que «atacar a su único enemigo» y ahora comenzará la misma estrategia política de Vox, utilizar la maldad para crear dudas, contar mentiras, contaminar y utilizarlo para generar un perjuicio al Gobierno de España, sin importar sus consecuencias en las víctimas y sus familiares.
La extrema derecha gana, si consigue imponer como marco la maldad, sin más. En la que parece que no hace falta investigaciones, ni pruebas para acosar, insultar, atacar, sin que tenga consecuencias. No se trata de ganar las elecciones con propuestas políticas, aunque sean mentira. Se trata de destruir a su enemigo y de volver a quemar brujas.
Así no se defiende la verdad, ni la ética personal y política, ni la democracia. Es la utilización de la maldad en su propio interés. Lo opuesto a lo que se supone es la política. Mintieron con la DANA y quieren hacer lo mismo con el accidente ferroviario de Adamuz. La sociedad se merece tener respuestas, pero no generarle miedos a la seguridad en los trenes y dudas en la gestión del Gobierno de España. Simplemente hay que esperar el tiempo necesario de la investigación, para conocer las razones del accidente ferroviario de la tarde-noche del domingo 18 de enero. No hace falta ser tan malvados.
