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Guerras en manos de un Dios diferente.

La guerra y la religión han sido inseparables a lo largo de la historia. En nombre de un Dios diferente, hay dogmatismos, intolerancia, persecución, atentados terroristas y guerras. Son dioses que enfrentan a sus creyentes, religiones que defienden causas justas, que dudan en utilizar la violencia para defender su fe o sus intereses.

Las guerras cuando el problema territorial está circunscrito a dos contendientes, la religión lo extiende a todos los creyentes de la
misma fe donde quiera que se hallen en el mundo.  a pesar y a costa de cuantas vidas sea «preciso» sacrificar para que dicha ideología, o concepto de la religión, prevalezca y se perpetúe tal y como sus defensores la conciben.

Todas las religiones coinciden en sacrificar vidas para defender sus dogmas, para que prevalezca y se perpetúe su Dios. La religión y el nombre de Dios han sido utilizados para justificar terribles atrocidades llevadas a cabo por aquellos que se creyeron investidos de alguna especie de poder divino. Cuando la guerra en nombre de la religión es una guerra contra lo que predican todas las religiones, que es la paz.

Ningún Dios justifica el terrorismo, la violencia y la guerra. La religión muchas veces es solo una excusa para justificar conflictos que en realidad son por poder, territorio o control. La religión se convierte en una herramienta en manos de la política. Como el  caso de Irán, donde las leyes religiosas son la ley del Estado, supervisadas por un Líder Supremo y el Consejo de Guardianes. Ali Jamenei ha sido el líder supremo de Irán más de 36 años, masacrando a su pueblo en nombre de Alá, su Dios.

Se critica a estos países por su falta de libertad, de democracia y de dogmatismo. Países que representan un peligro. Por eso, Estados Unidos e Israel, decidieron unilateralmente y de forma ilegal, atacar el régimen teocrático de los ayatolás y cargarse su cúpula, matando a con la muerte de Alí Jamenei. Después de las constantes amenazas de Trump por la represión de las protestas antigubernamentales en Irán y por el riesgo nuclear.

A veces la religión es solo una excusa. Ya no hay guerras religiosas, pero se usa la religión y Dios para justificar conflictos que en realidad son por poder, territorio o control. El fanatismo religioso no es solo del Islam, existe el conflicto palestino-israelí que es una disputa territorial, política y nacional, que tiene el enfrentamiento entre el Islam y el judaísmo. Parece, que siempre está presente la religión, con dioses diferentes y enfrentados.

Choca ver al hombre más poderoso del mundo rodeado de una veintena de pastores evangélicos, rezando para pedir guía, sabiduría y protección. El cristianismo respalda una guerra injusta y Dios está de su lado. Es lo que le faltaba a Trump para seguir atacando países y poner Gobiernos serviles, siempre en manos de Dios.

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