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A veces la libertad de expresión se paga en la cárcel.

La libertad de expresión es una libertad fundamental e imprescindible en cualquier sociedad democrática libre. Como todas las libertades se pueden emplear de una forma responsable o irresponsable. Y, una de las cuestiones más cuestionadas, es si la libertad de expresión debe tener límites.

La libertad de expresión siempre ha servido para amparar a los que se rebelan contra el orden establecido en cada momento. Ahora, los movimientos políticos con discursos extremos que cuestionan los valores democráticos. Son los que están utilizando y manoseando la libertad de expresión para utilizarla en su provecho político.

En cualquier sociedad democrática libre y plural es necesaria la libertad de expresión. Nunca se debería censurar la libertad de expresión para intentar defender a la sociedad democrática. Aparecen las dudas si la libertad de expresión, que supuestamente ampara la crítica, debe de amparar el derecho al insulto o las amenazas. Si la respuesta es negativa, debería de servir para todo tipo de opiniones.

La crítica casi siempre molesta, por mucho aperturismo, pluralismo y tolerancia que exista en la sociedad. La máxima más simple de la libertad es que se detiene donde comienza la libertad de los demás. Pero, en España la línea divisoria en la libertad de expresión difiere según la persona o entidad a la que se dirige la expresión. Porque para algunas personas los insultos a figuras públicas o contra sentimientos religiosos puede significar la cárcel y para otros miembros de la extrema derecha que se vanaglorian del matonismo político, los ataques y los insultos. Y, aparentemente sin ninguna repercusión judicial.

En España hemos tenido varios casos sobre censura legal de raperos, tuiteros o titiriteros que abre el debate sobre la libertad de expresión. Desde las sentencias a los titiriteros que llevaron a cabo la obra La bruja y Don Cristóbal (2016) y de los fallos a los raperos Valtònyc, el colectivo La Insurgencia, el Caso Cassandra Vera o los participantes en la denominada Procesión de San Chumino Rebelde. Desde el enaltecimiento del terrorismo, calumnias e injurias graves a la Corona, pasando por ataques a la religión, y la vinculación con grupos de extrema izquierda.

Pablo Hasél (Pablo Rivadulla Duró) hoy 16 de febrero ha cumplido cinco años privado de libertad y todavía le queda “un año y dos meses íntegros” para salir de la cárcel. Hasél fue condenado a dos años de cárcel por enaltecer el terrorismo de ETA, los Grapo, Terra Lliure y Al Qaeda en canciones suyas que subió a YouTube. Ha tenido diversos incidentes como los insultos al alcalde de Lleida. Por un ‘tuit’ en el deseó que el avión del club de fútbol Betis se estrellara, a raíz de un polémico fichaje. Un video contra el rey Juan Carlos.

Hasél es un antifascista, un comunista consecuente, una persona que cree en la lucha de clases, que no cree en el Régimen del 78, que quiere acabar con el racismo, el machismo, el individualismo y el capitalismo. Sus principios a lo mejor los tiene claros, pero quizás le pierden las formas. Sus canciones podrían decir otras cosas y decirlo de otras formas, pero él está convencido de que la libertad de expresión es para utilizarla.

A Hasél le han dejado olvidado, los que salieron a las calles en el invierno de 2021, mostrando su apoyo. Los principales partidos catalanes y españoles que políticamente le mostraron su solidaridad. Y, el Gobierno de España no ha querido darle un indulto, ni se ha reformado el código penal, ni se ha derogado los delitos de opinión. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) consideró que la pena por enaltecimiento del terrorismo no era desproporcionada. Mientras tanto Hasél se niega a aceptar el tercer grado, lo que significaría su arrepentimiento.  

La libertad de expresión significa para Hasél decir lo que piensa y por eso lleva cinco años de cárcel y le queda un año y medio. Un tema que se ha desvanecido a nivel informativo en España y que ahora en estos últimos días, doscientos catedráticos y profesores universitarios de 95 universidades y 25 países de todo el mundo han firmado una carta abierta para pedir su libertad. Y, lo quieren presentar como candidato a recibir el premio Sájarov. 

Sería un verdadero varapalo para la libertad de expresión en España, si Hasél fuera reconocido por el Parlamento Europeo, por la defensa de los derechos humanos y la libertad. Pero, no hay que jugar con futuribles, a veces la libertad de expresión se paga en la cárcel. Es el caso de Hasél, con una sentencia desmesurada por tener una opinión diferente de los demás y quizás sin la rima necesaria.

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