«Yankee go home» (gringo vete a casa) es una frase icónica del expresidente venezolano Hugo Chávez, que reflejaba el carácter antiimperialista de una revolución chavista que ha fracasado. Esta madrugada, Estados Unidos imponiendo «la ley del más fuerte», ha atacado militarmente a Venezuela y han secuestrado de manera ilegal al presidente Nicolás Maduro Moro y a su esposa, Cilia Flores. Para juzgarlos por narcotráfico y terrorismo en Estados Unidos.
Este ataque militar a Venezuela supone una advertencia para los países de CentroAmérica, Caribe y América del Sur, especialmente para países como Cuba, Colombia y México o quizás Alaska, donde Trump quiere hacer valer «la ley del más fuerte». En la rueda de prensa, de esta tarde Donald Trump aseguró que «vamos a gobernar ese país«, será Estados Unidos el que tendrá el Gobierno de Venezuela mientras logran una transición, aunque no dijo con quien será, dejando en duda la legitimidad de Edmundo González, quien participó en las elecciones del 2025 y, para muchos venezolanos, es el presidente legítimo.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha condenado la operación militar ejecutada esta madrugada por Estados Unidos contra Venezuela como un “precedente peligroso”, denunciando el ataque aéreo contra Caracas y sus alrededores, así como la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, como una violación del derecho internacional. Un ataque que viola la Carta de las Naciones Unidas, en su artículo 2, párrafo 4, que establece que los «miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado».
Estados Unidos siempre impuso su ley del más fuerte, fue modelo de las colonias americanas, donde todas optaron por la república. Su política exterior se basó en la “Doctrina Monroe” de 1823, con la frase de «América para los americanos”, para frenar la intervención de las potencias europeas en el proceso de las independencias hispanoamericanas. Una doctrina Monroe que Estados Unidos ha seguido manteniendo hasta la actualidad. Imponiendo su economía, su política e incluso su modo de vida americano, siendo el espejo para el resto de países.
Estados Unidos tiene una larga trayectoria donde la «ley del más fuerte» ha actuado en la política latinoamericana y caribeña: Guatemala, República Dominicana, Panamá, Chile, Brasil… Nunca les preocupó los sistemas políticos, pero sí su provecho económico. Después de la victoria electoral del comandante Hugo Chávez en las elecciones presidenciales de Venezuela, de diciembre de 1998, Estados Unidos avaló el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, Impuso embargos petrolíferos y sanciones económicas, para desestabilizar el Gobierno venezolano. Y, ahora parece que ha conseguido su propósito.
A Trump no le interesa la democratización, ni la transición de Venezuela, lo que realmente le importa es el petróleo, donde a partir de ahora, Estados Unidos se convierte en el único interlocutor válido para la venta del petróleo venezolano. Al final la ley del más fuerte parece que siempre tiene el mismo objetivo: la rentabilidad económica, sea en Gaza o en Venezuela… Donde la comunidad internacional y sobre todo la europea, han evitado hacer críticas a la vulneración del derecho internacional, a la soberanía de Venezuela y al intervencionismo de Estados Unidos.
Es verdad que Venezuela ha llegado al colapso del Estado de Derecho, que todo país tiene la obligación de restituir su orden constitucional, de respetar los derechos humanos, civiles y políticos. Pero, eso no le permite a Estados Unidos hacer lo que le dé la gana. La política nunca debería ser una imposición y menos por la fuerza militar. Trump se ha convertido en el tirano del orden mundial, como si fuera el dueño del mundo.
Maduro llegó a su quinto mandato en unas elecciones cuestionadas, en las que hubo señalamientos de fraude. González Urrutia ganó las elecciones y Maduro se cerró todas las puertas, desde una salida negociada a una transición democrática. Nadie puede defender a Maduro, pero el uso de la fuerza sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU o en legítima defensa, está prohibido por el derecho internacional. Ni podemos aceptarlo con normalidad y pasividad. Son las venezolanas y venezolanos, los que se quedaron y los que están en el extranjero, son los que tienen que encontrar el mejor futuro para Venezuela. Ahora, más que nunca: «Trump go home»
