libertad de expresiónNo me sigas en redes sociales, porque no pertenezco a ninguna. Me resisto a creer que pertenecer a una red social sea algo obligado y necesario. No me planteo si son buenas o malas, perjudiciales o beneficiosas, son un fenómeno social, que han revolucionado la forma de comunicarse y de interactuar entre las personas. Y, hay que aceptarlo, pero  otra cosa es pertenecer a ellas. Libre es el que vive como quiere y para eso debes tomar decisiones, aunque puedan ser equivocadas.

No quiero decir que las redes sociales no me resulten interesantes, reconozco sus virtudes y sus utilidades. Admito, que han creado un tipo de comunicación constante, rápida y sencilla, pero totalmente artificial y hemos caído en la tiranía hedonista del teléfono. El fin de lo privado y de la intimidad. La esclavitud y la dependencia de las redes sociales, nos hace fingir una felicidad ilusoria basada en la amistad artificial y en compartir todo lo que nos pasa.

Reivindico mi libertad de expresión, pero no me interesa lo que hacen los demás a nivel privado, ni creo que nada de lo que yo haga pueda interesarles a ellos. El sentirme bien conmigo mismo, con lo que tengo, con lo que me pasa, con los que me rodean… No necesito publicarlo en mis redes sociales para obtener un «like» o un comentario, de un desconocido en la red. Me niego a perder mi intimidad y perder el tiempo recibiendo enlaces, comentarios, fotos, seguidores y notificaciones para compartir. Me resisto a aceptar que cuanto más se comparta, mayor valor tendrá lo que se dice. Rechazo todas las posibles ventajas que me puedan aportar las redes sociales, aunque no sea nadie y no exista en la red.

Utopía es un término empleado por primera vez en el libro «Utopía» de Tomás Moro, en 1516, en el que se refleja una sociedad en armonía, un estado idealizado abarrotado de derechos, de igualdad, de privacidad, de libertad de expresión, de trabajo para el bien común… Este blog y su autor creen en la utopía y es mi única participación en la red.

Con el único fin de dar mi opinión, hacerme preguntas y preguntarme por el por qué de las cosas, entrando en un debate ético que a lo mejor no sirve para nada, solo para defender la libertad de expresión.

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