Hacerse el tonto, todos nos hemos comportado así en alguna ocasión, pero unos más a menudo que otros. Siempre pensamos que una persona tonta es la que tiene poca inteligencia, que es ingenua, que no razona, que no admite las ideas de los demás, que no reconoce sus propios errores, que no se disculpa, que piensa que los demás son tontos. 

En la vida política hay tontos que se fingen listos y otros son listos aparentando ser tontos, son esos políticos que para no afrontar situaciones problemáticas o desagradables, les entra un ataque de amnesia y se desentienden de todo. Esos políticos que prometen lo contrario de lo que hacen; que critican lo que hacen los otros y ellos terminan haciéndolo; que cuando hacen algo que no deberían hacer se les olvida, donde todo vale para llegar al objetivo propuesto.

Ana Mato ex ministra de sanidad, siempre ha dicho que no sabía nada de los negocios ni de dónde provenía el dinero de su marido Jesús Sepúlveda, no sabía si su tren de vida era elevado y nada le parecía extraño. La infanta Cristina de Borbón no sabía nada, de la creación de la sociedad Aizoon, firmaba lo que su marido le decía, por una cuestión de confianza, y nunca le preguntó por nada. Incluso su ignorancia era en el reparto de tareas y economía familiar. José Manuel Soria en los papeles de Panamá: dijo que: «todo esto fue hace tanto tiempo, que ya no me acuerdo». El caso de Milagrosa Martínez, alias «La Perla». malversación, cohecho, tráfico de influencias, pero tampoco se acuerda de nada. Dijo: «Procuro leer poco por motivos de salud»; dirigía la consejera autonómica de Turismo, pero sin saber lo que era FITUR…

En política existen muchos tipos de mentira: desde la más zafia y grosera hasta la mayoría de engaños destapados. Pero, el hacerse el tonto es una  burla y un desprecio a los ciudadanos. Ustedes se hacen los tontos y nos toman por tontos a nosotros.

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